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Modelos, series, estándares… manos. Diseño (industrial) en Andalucía

porRamón Pico Valimaña y Fco. Javier López Rivera

Foto de portada:
Silla Cámara de Comercio de  Córdoba, 1953, diseño de Rafael de la Hoz y José M. de Paredes. 80 x 65 x 55 cm, madera y tapizado de loneta, 6 piezas únicas.

Colección
arquia / temas nº 7

Título
Diseño (industrial) en Andalucía. Piezas de autor 1920-1999

Autor
Varios

La publicación Diseño (industrial) en Andalucía. Piezas de autor 1920-1999 se inserta dentro de un conjunto de actividades bajo la denominación genérica de la “Feria del Diseño”, que tuvo como objetivo dar una visión amplia del concepto de diseño como herramienta para la comunicación e instrumento para la mejora de la calidad de vida de las personas y las comunidades.

El siguiente artículo es un extracto del capítulo Modelos, series estándares… manos (una historia entre paréntesis) de la publicación Diseño (industrial) en Andalucía. piezas de autor 1920-1999 [páginas 39-40] de la colección arquia/temas. Esta publicación se encuentra descatalogada, consultable en bibliotecas especializadas.

El Sistema Americano abrió las puertas al mundo de la clonación de objetos, a la esperanzadora e inquietante reproductibilidad técnica, dando paso así a un cúmulo de nuevos o renovados términos que cuestionaban la oportunidad o posibilidad de la labor humana en el proceso: estándar, modelos, series,… diseño. Desde este momento, indagar en las complejas relaciones entre diseño, producción mecánica y labor artesanal ha sido uno de los “divertimentos” preferidos por la cultura occidental, especialmente cuando, a medida que la Revolución Industrial cobraba impulso, se acentuaban los matices y se hacía más acusado el divorcio entre estos campos.

Estándar es un concepto surgido con el advenimiento de la máquina como instrumento capaz de multiplicar hasta el infinito un modelo determinado. En rigor industrial, dada la necesaria economía y racionalidad de los procesos productivos, el objeto debería concebirse ya como perfecto en el acto mismo de su producción, evitando someterse a posteriores manipulaciones que mejoraran o modificasen su aspecto. Un modelo de perfección en el que el trabajo humano desaparecería completamente en la fase de producción y quedaría claramente acotado en el proceso de diseño.

Al otro lado de lo estándar, del modelo y de la serie, se encontraba el oficio artesanal, descansando sólidamente en la intervención del hombre en el proceso. Dos polos entre los que a principios de este siglo aumentaba la tensión dada la continua y creciente demanda de artículos con tradición productiva artesanal y el desarrollo de la producción industrializada, que pasó a abducir las formas del pasado, transformándolas y haciéndolas accesibles a un sector más amplio de la población.

En la relación de estos dos mundos las cosas pocas veces han estado claras. Así, la principal batalla dialéctica de la Deutscher Werkbund, institución nacida desde la voluntad de conciliar al artesano con la industria, se centró en el concepto de estandarización: “De ahora en adelante sólo la estandarización puede introducir un gusto valedero y universal” sostenía Hermann Muthesius en la reunión de colonia de 1914, a lo que Van de Velde replicaba “Mientras haya artistas en la Werkbund… protestarán contra toda sugerencia de un canon de estandarización”. Nunca llegaron a presentar un frente común en este punto, y la deseada conciliación se redujo a la primacía de los valores industriales.

Sobre el papel, algunos vieron con nitidez esta relación, posicionándose abiertamente a favor del acuerdo con el mundo mecanizado, en el que Gropius reconoce una finalidad clara y única:

“… abolir el trabajo físico del hombre y ofrecer los medios de vida necesarios para que destine su cuerpo y su inteligencia a actividades de orden superior.”

De este modo, Bauhaus hizo las paces con las máquinas. Pero tras esta postura de optimismo y absoluta confianza en la desaparición del human factor, se encuentra una realidad llena de contradicciones: sus trabajos prototípicos no reunían las condiciones necesarias para ser fabricados y eran ofrecidos a la industria sin un criterio político definido.

Hoy el debate puede estar más abierto que nunca, puesto que en nuestra cultura de fin de siglo aparecen nuevas sensibilidades que, si bien no han podido formar parte aún de un corpus teórico, se reconocen con claridad en los perfiles de la actividad del mercado, la dinámica de la técnica y los patrones de comportamiento de la sociedad. Mestizaje, consumo, sostenibilidad, comunicación, virtualidad, forman parte del denominado universo de la globalización, son  claves contemporáneas ya anticipadas por Banham. Y es aquí, en la flexibilidad de este territorio a medio camino entre lo global y lo local donde pierden sentido las rígidas posturas maquinistas, donde el acercamiento al trabajo manual puede entenderse no como una traición al sistema industrial sino como un complemento del mismo.

Silla SI YA, 1996, êdro Ledo Márquez y Jesús Orúe Vázquez

Una creación sencilla y original a base de tubos de acero curvado y asiento de enea, que une la tradición moderna de los muebles de tubo con las referencias autóctonas artesanales. La relación existente entre los elementos resistentes y el asiento, parece estar en e origen de esta silla, resuelta mediante un mecanismo de encuentro de opuestos: la frialdad funcional del metal se ve atempterada por la calidez natural de la enea.

Lámpara 29x D.51cm. Chapa de limoncillo y coronas metálicas. Ed. 1962, EQUIPO 57

Lámpara de elementos combinables generada a partir de la disposición radial de una forma “U” ranurada, donde se insertan las chapas de madera que forman las pantallas. La disposición puede ser cóncava o convexa, con 4, 6, 8 o 12 lamas. Se prima la facilidad de montaje a partir de elementos sueltos, introduciendo como novedad la incidencia del usuario en la forma final del objeto.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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