25/05/2018
arquia / documental

Luis Barragán: Prólogo para un espacio mágico

porAntonio Ruiz Barbarin

Imagen de portada:
Casa Estudio / Luis Barragán © Usuario de Flickr: LrBln. Used under Creative Commons.

Detalles publicación original:
Ruiz Barbarin, Antonio (2013): “Prólogo para un espacio mágico” en Luis Barragán. Casa Estudio. Barcelona: Fundación Arquia (Colección arquia/documental núm. 21)

Detalles audiovisual:
Casa Estudio por Luis Barragán, dirigido por Rax Rinnekangas © BAD TASTE LTD. Finlandia (2010-60’)

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La casa estudio de Luis Barragán (Guadalajara, 1902-México, 1988) en el barrio de Tacubaya, Mexico, fue reconocida por la UNESCO en 2004 como patrimonio cultural de la humanidad, considerándola una obra maestra del desarrollo del movimiento moderno por integrar, en una nueva síntesis, elementos tradicionales y vernáculos, así como diversas corrientes filosóficas y artísticas de todos los tiempos.

El siguiente artículo es un extracto del libreto LUIS BARRAGÁN. Casa estudio de la colección de audiovisuales arquia/documental editada por la Fundación Arquia, escrito por Antonio Ruiz Barbarin.

A todo el mundo que pregunto le gusta la obra de Luis Barragán. Quizá porque a priori parece que no resulta difícil interpretar el origen de sus espacios o el porqué de sus atmósferas contagiosas. Quizá porque nunca se sometió a su contemporaneidad es por lo que hoy es tan actual… Pues es arquitectura sin fecha de caducidad. Nunca la contó ni la escribió, pero sí la sugirió con sus construcciones, que son auténticas verdades desnudas.

No se entiende que en sus austeros muros puedan coincidir el Mies más primitivo con el Corbu más inquietante, y que tiñéndolos con sus sugerentes colores salgan reforzados en su tectónica más sutil y en sus texturas más duras y canallas. Porque Barragán se encontró con las superficies quietas de sus muros y las saturó, transformándolas con su particular paleta de colores en una fuerte intervención que pretendía evocar vernáculos mundos mexicanos y así recoger en ellos sombras sorprendentes.

Hay algo de renuncia y austeridad en la solemnidad de estos lienzos habitables. No hay sosiego ni resignación. Hay magia.

Barragán no fue un arquitecto de dar respuestas, sino de plantear preguntas, en voz baja, y las fue esparciendo por esos vericuetos que construyen su casa deslavazada que ahora revisitamos.

Ésta, su casa, no es sólo una brillante obra de arquitectura, es una declaración de principios. Es pura arquitectura, que no arquitectura pura.

 

De mi visita a la casa de Tacubaya no olvidaré nunca el sabor de sus atmósferas, que percibes con los cinco sentidos, en la que sus espacios se van sumando, no se multiplican, y donde el color fluye de una estancia a otra en una secuencia con solución de continuidad hasta la azotea, en donde tiemblan las paredes encendidas de color y se siente su presencia a cámara lenta, en la soledad sonora de sus silencios.

Como decía Le Corbusier, sólo las personas serias son capaces de jugar, y Barragán creaba sus propias reglas de juego, de un juego espacial y sensorial, que debían permitir a los demás entrar en esa especial partida… su casa, su mundo, para ahondar en la naturaleza insondable de sus espacios mágicos. Y así guardar en nuestra retina los sonidos profundos de sus colores y la soledad de sus atmósferas silenciosas que ha sabido construir a tiras de luz.

Hace que en su interior las cosas sucedan poco a poco, de modo casi natural, que el recorrido y el todo sean como un juego lleno de sorpresas. Invenciones pocas. Dentro de un sutil tratamiento mágico de la luz a través de un sugerente recorrido y donde al final encontramos la liberación gozosa abandonada a la fascinación por la belleza. Donde queda un Barragán enigmático, juguetón y fantástico con sus mexcaleras, muebles, bolas de cristal, crucifijos y caballos y… papeles de colores, todos ellos habitantes intangibles del lugar, pobladores silenciosos de sus espacios, criaturas imprevistas de sus atmósferas.

Y luego está su lenguaje, cierto, directo y claro, dentro de esa realidad melancólica y de esa ficción maravillosa entre realidad y deseo, entre lo que es y lo que parece.

Sin innovación, sin riesgo, con pausada nitidez. Un pacto convenido entre fantasía y realidad. A partir de aquí lo interesante es penetrar en su obra, ahora en su casa. Es fácil, sólo tienes que dejar abiertos los cinco sentidos.

Aunque a veces pienso que proyectaba como un desmemoriado. Que le encantaba su papel elegante, que se burlaba de lo soez y de la fría vanguardia, un dandi en el que nunca descubrimos un ademán vulgar en ninguno de sus muros imborrables, casi altaneros. Taurinos. ¡De oro y rojo vestirá su casa!

Escuchaba con sus ojos los libros de pintura, fotografía y escenografía. Conocía la espesura del tiempo que se derrama fuera de sus atmósferas…, siempre hacia ese jardín interior que crece sin orden ni concierto, sintiendo los gritos inaudibles de la naturaleza atrapada.

Sus luces, sus atmósferas, sus muros, levantan una barrera contra la intrusión de miradas, de gestos, incluso del olvido. Porque Barragán, consciente de la realidad que le rodea, necesita inventarse otra más especial, más personal, más sensorial, manteniendo un vínculo entre lo real de sus muros y lo irreal de su luz, o quizá, más que su luz, su penumbra.

Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes.

Junichiro Tanizaki: El elogio de la sombra, 1933

 

Nadie ha sido capaz de ponerle una etiqueta. Ni sus espacios por cicatrizar enturbiaron su vida, sin quejas ni aspavientos, como su obra. No sólo en lo puramente constructivo, sino lo que surge del análisis de sus sedimentos; México, la Alhambra, los conventos, París, y por ello al tiempo, a la memoria, a los sueños, a las fantasías, a las atmósferas y, por lo tanto, al aire y a la luz… y, por lo tanto, al espacio.

No sé si fue un poeta de la luz o un novelista de sus recorridos, o quizá un místico de sus atmósferas. Porque uno hace arquitectura de la misma manera que se es. ¡Nunca aceptó el soborno de la mediocridad que todo lo cura y todo lo traiciona! Por el contrario, profesaba un feroz culto a la independencia de pensamiento. En la que su sencillez era su mejor coraza y sus muros máscaras indelebles de color y textura.

Con mi reflexión espero no traicionarle ni haber caído en el riesgo de la reducción y la simplificación. ¡Me hubiera gustado tanto haberle conocido! Recorrer estas estancias y platicar con él, acerca de lo sencillo e importante, lo difícil y casi siempre inalcanzable, lo esencial no sólo invisible sino inaudible en la Arquitectura reservada sólo para unos pocos elegidos.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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