arquia / documental

La casa cilíndrica de Mélnikov

porGines Garrido

Imagen de portada:
Mélnikov hose, Moscú 1929.
Obra del arquitecto Konstantin Mélnikov
© Denis Esakov

Título
Konstantín Mélnikov. La Casa de Mélnikov: La utopía de Moscú

Director
Rax Rinnekangas

Colección
arquia/documental Nº12

Duración
58’

Año
2007

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En 1927 construí en el centro de Moscú, no para polemizar ni para complacer un modo de vida que a todos asigna una existencia común, sino sólo para mí, para notificar con perseverancia el profundo significado de cada uno de nosotros, una casa con el lema: KONSTANTÍN MÉLNIKOV ARQUITECTO. […] Nuestra casa, como en un solo musical, resuena orgullosamente en el bullicio y el estrépito de las desproporcionadas moles de la capital y, como si lo hiciera por medio de una soberana armonía, se afina con decidida tensión para auscultar el pulso de la modernidad. Estoy solo, pero no solitario: estoy al abrigo del rumor de una ciudad millonaria en la vastedad del interior del individuo. Ahora tengo setenta y siete años y estoy en mi casa; al conquistarme, el silencio me conserva con limpieza y en profundidad, el recuerdo de un pasado lejano.[1]

La vivienda que Konstantín S. Mélnikov se construyó en 1927 en el callejón Krivoarbat de Moscú ha sido generosamente publicada, sobre todo, más recientemente, después de su muerte en 1974. Antes fue visita con veneración por arquitectos e historiadores rusos que sentían en ella una libertad intelectual y creativa que se les negaba. Pero también la visitaron, Frederick Starr, su biógrafo norteamericano, en 1966, el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson en 1972 y el viajero inglés, Bruce Chatwin, un año después. Y entre todos, poco a poco, se ha construido un mito en el que con frecuencia la figura del arquitecto que habitó la casa hasta el final de su vida desenfoca una mirada crítica de la vivienda misma.

 

La casa es de una naturaleza rara, difícil y contradictoria que resume bien el conjunto de la obra desconcertante del arquitecto ruso; en la vanguardia radical de 1925, cuando construyo el Pabellón Soviético en Paris y dibujo los dos proyectos de un ≪Garage pour 1.000 autos a Paris≫, y en la retaguardia y la defensiva a partir de 1932, cuando dibujo el Palacio de los Soviets y el edificio del Narkomtiazhprom. La vivienda contiene simultáneamente el carácter abstracto e icónico del purismo de Le Corbusier y la identidad eslava de Rusia, un país a caballo entre Oriente y Occidente, y se produce en el entorno político y social experimental, inédito y brutal de la Revolución Soviética. Es una construcción que mira al pasado reflejándose en la arquitectura de las iglesias ortodoxas, y al futuro para el diseño de la instalación de calefacción y ventilación. Es genérica en su configuración esencial, dos cilindros calados, y especifica en su denominación, la casa del arquitecto. Emplea una tecnología audaz de muros de carga gruesos, horadados y pautados, y forjados ligeros bidireccionales de retículas de vigas de madera paneladas, aun vigente hoy, empleando sistemas de construcción tradicionales. Y con ellos construye una planta verdaderamente libre de estructura e instalaciones y una fachada también libre que le permiten una flexibilidad total, pero lo hace de modo paradójico, con espesor en el perímetro y ligereza en el interior. Está constreñida por unas exigencias formales simbólicas que le impuso el arquitecto y que le dan un carácter monumental autocomplaciente; que es una demostración de la independencia y libertad de un arquitecto ágrafo de origen campesino que no se involucro en las actividades revolucionarias; probablemente, lo mejor de la obra es consecuencia de esta actitud, pero también lo peor. Para situarla bien en su contexto y así entender mejor la casa de Krivoarbat, es necesario retroceder unos años antes de su construcción.

(…)

En la planta baja de la vivienda se amontona la mayor parte del programa domestico sin establecer ninguna relación con las dos plantas superiores, donde se encuentran, en la planta segunda, el dormitorio y el salón, y en la tercera, el estudio del arquitecto. La planta baja agrupa, en el cilindro sur, el acceso, el comedor y la cocina, y en el cilindro norte, las dos habitaciones de trabajo de los hijos de la pareja, una habitación que contiene los armarios donde la familia se vestía, el baño, la cabina del inodoro y la habitación de Anna. Para encajar este programa heterogéneo en la figura de los dos cilindros, Melnikov se vio obligado a emplear geometrías disonantes, a veces radiales a uno de los cilindros, otras veces ortogonales, para permitir espacios más eficaces funcionalmente; el resultado es una planta confusa, que no tiene la vida libre y sensual de las plantas más apretadas de las villas de Le Corbusier, ni el carácter holístico de la maquina que defiende Ginzburg en Estilo y época, que había publicado en 1924, como la característica indispensable de una arquitectura moderna y socialista.

(…)

Desde la planta primera se accede por la escalera directamente a la sala de estar, que está presidido por un ventanal de casi cinco metros de altura abierto al sur. En este espacio es posible percibir la macla de los dos cilindros y como estos organizan el conjunto de la vivienda. El forjado de la planta superior construye un pequeño edículo mas bajo, en el que se concentran las circulaciones sin entorpecer la sacralidad teatral de la sala. Es aquí donde la casa de Krivoarbat es un escenario transparente en el que se escenificaría la vida del arquitecto como un creador necesariamente individual que conoce las reglas de un oficio poderoso, como un sacerdote investido directamente por la historia para formalizar un nuevo mundo. Realmente ocurrió así. Melnikov vivió en esta casa cuarenta y cinco anos, desde 1929 hasta su muerte, y allí dibujo proyectos disparatados en los años treinta, que en cierto modo, como un sismógrafo y sin querer, detectaron la inmensa catástrofe humana que devoro la URSS; y después aislado, sin conexión con el exterior, ajeno a su tiempo, repudiado por sus compañeros y las fieras estalinistas, que a pesar de todo lo respetaron, dibujo solo, sin colaboradores, sin colegas, decenas de proyectos arcaicos a medio camino entre un nacionalismo eslavo redecorado y un clasicismo de códigos alterados. Parecería como si la casa hubiera contenido, en ese carácter sagrado, la condición autista que sometió al arquitecto desde que la habitó.

[1] Primeros párrafos del manuscrito autobiográfico Arjitektura moéi zhizni. Tvórcheskaia kontseptsiia. Tvórcheskaia práktica. (La arquitectura de mi vida. Concepción creadora. Creación práctica) editado por Anatolii A. Strigalev e Irinia Kokkinakki en Iskusstvo, Moscú 1985.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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