08/11/2017
Publicaciones

Ética y estética:
Revisión crítica de la identidad y el uso de la imagen en la arquitectura

porInaki Bergera

Foto de portada:
Mesón de la Montaña, Arucas, 1960. Manuel de la Peña
© Archivo Rojas-Herández

Autor
Grupo investigación FAME

Prefacio
José Lahuerta

Director de la edición
Iñaki Bergera

Nº de la colección
39

Año
2015

Páginas
342

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“El dibujo moderno de arquitectura es interesante, la fotografía es magnífica, el edificio es un desafortunado pero necesario estado entre los dos.”
H.S. Goodhart-Rendel, 1930.1

La fotografía es, en sí misma, un constructo visual, una abstracción de la realidad con autonomía e identidad que está a su vez estrictamente vinculada a lo que retrata. Pero la fotografía de arquitectura se construye y se compone, de alguna manera, como lo hace el propio edificio, desmaterializándolo, manejando paralela e indistintamente la luz, la forma y el espacio, solapándose metonímicamente imagen y lenguaje, la arquitectura de la fotografía con la fotografía de la arquitectura, tal como apuntaba Walter Benjamin en 1936: «La obra de arte reproducida se convierte cada vez más en la reproducción de una obra de arte dispuesta para ser reproducida».2 La fotografía documenta y representa los valores espaciales, visuales y materiales de la arquitectura pero aporta sus propios y autónomos principios estéticos que nunca serán completamente inocuos: en la medida en que capta el espacio y lo transfiere a dos dimensiones, la posición y el ángulo de la cámara definirán y matizarán completamente una u otra condensación del espacio. Así, en la fotografía de arquitectura, el objeto puede terminar siendo un pretexto, «un desafortunado pero necesario estado entre los dos», algo que queda absolutamente transfigurado y sometido a un discurso retórico completamente autónomo, al margen del edificio mismo.

Ésta sería, sucintamente, la amenaza y la paradoja que acechaba a la fotografía de arquitectura desde su nacimiento, cuando se convirtió en el medio indispensable para documentar y difundir la arquitectura como primer y, en la mayoría de los casos, único encuentro con la realidad construida. Sin embargo, a pesar de las enormes potencialidades interpretativas y teóricas de este entrelazamiento entre arquitectura y fotografía, su análisis no había encontrado hasta ahora —en el ámbito internacional y más aún en España— el reconocimiento y la atención que se le debe por parte de críticos e historiadores de ambas disciplinas. Apuntaba Robert Elwall (1953-2012), el distinguido comisario de fotografía de arquitectura del RIBA, que «los historiadores de la arquitectura tratan muy a menudo las fotografías como si fueran los propios edificios y no interpretaciones particulares de los mismos hechas en un momento determinado. Y los historiadores de la fotografía […] continúan viendo la fotografía de arquitectura como un asunto técnico arcano, un turbio cul-de-sac desviado del eutéctico camino de la fotografía hacia su estatus artístico».3

En medio de esta ambigüedad, la feliz, progresiva y cada vez más específica atención a las relaciones entre fotografía y arquitectura —a la deseable reconciliación entre la altamente selectiva naturaleza e identidad de la primera con la complejidad espacial, material y formal de la segunda— trasciende el ámbito investigador e historiográfico. Por ejemplo, cuando en 1845 John Ruskin compró unos daguerrotipos de la plaza de San Marcos en Venecia entendió —y así lo transmitió en 1857 en la Architectural Association de Londres— que la formación de los estudiantes de arquitectura debía sustentarse en la documentación fotográfica de los grandes edificios del mundo, en detrimento de las láminas y grabados que hasta entonces se habían empleado en la formación de los alumnos. En junio de 1882, la revista American Architect and Building News escribía que las fotografías «son un instrumento educativo… y pronto muchos artistas y arquitectos se inspirarán antes en su colección de fotografías que en los libros».4 Más tarde, en la Bauhaus, la fotografía, además de ser una enseñanza reglada e independiente dentro del currículo escolar, se convirtió en el instrumento narrativo-visual perfecto para retratar la nueva arquitectura de vanguardia. También en ese contexto, saltando hasta nuestra contemporaneidad, la fotografía de arquitectura, y por extensión del paisaje urbano, ha sido entronizada por los artistas como un extraordinario vehículo de exploración crítica y conceptual.

Cerradas ya las grandes historias y relatos canónicos de la arquitectura moderna y de sus protagonistas, la fotografía de arquitectura en general y cuestiones como su condición documental y mediática en relación con la propia historia de la arquitectura y su difusión y propagación, el papel de los fotógrafos y su relación con los arquitectos, la esencia narrativa y artística o el papel iconográfico y cultural de las imágenes de arquitectura son sólo algunos aspectos colaterales y necesariamente interdisciplinares que están siendo estudiados de modo pormenorizado. La creciente cantidad y calidad de bibliografía específica que se publica y los trabajos de investigación y eventos científicos que se están llevando a cabo, en el ámbito internacional pero también en España, dan fe de ello. Seguramente el proyecto de investigación «Fotografía y Arquitectura Moderna en España,1925-1965», además de fijar el mapa documental de estas relaciones en el contexto español, propicia un marco oportuno para acometer una revisión crítica y holística de la identidad y el uso de la construcción de la imagen en la arquitectura moderna. En otro momento realizamos un primer análisis general del caso español.5 Ahora extendemos el discurso a la contemporaneidad y al ámbito internacional, y pretendemos sentar algunas bases interpretativas del papel que ha ejercido y ejerce la fotografía de arquitectura en su amplio ámbito disciplinar para entender mejor el conjunto facetado de episodios y atenciones relativas a España que aquí se relatan.

 

[1] Citado en «Bliss Was It in That Dawn to Be Alive», pág. 98. (Trad. del A.)
[2] 
Walter Benjamin: La obra de arte en la época de su reproductibilidadtécnica, pág. 102.
[3] 
Robert Elwall: Building with Light, pág. 8. (Trad. del A. American Architect and Building News, págs. 268-269. Sobre el papel inspirador de las fotografías para los arquitectos premodernos véase Mary N. Woods: «The Photograhy as Tastemaker», págs. 155-163.
[4] 
Véase Iñaki Bergera: «Fotos de casas, cosas de fotos», en Iñaki Bergera (ed.): Fotografía y Arquitectura Moderna en España, 1925-1965, págs. 8-27.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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