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Eduardo Chillida: El Tindaya

porMario Algarín

Foto de portada:
Maqueta para la exposición de la muestra sobre el proyecto Monumento a la Tolerancia Montaña de Tindaya en el espacio museístico de la Casa Alta de Tindaya, Fuerteventura.

Colección
arquia / tesis nº 21

Título
Arquitecturas excavadas. El proyecto frente a la construcción de espacio

Autor
Mario Algarín Comino

 

 

 

Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) es un referente internacional que ha trabajado la arquitectura del vacío en su obra.

El siguiente artículo es un extracto del capítulo Eduardo Chillida. El Tindaya, 1996  de la publicación Arquitecturas excavadas [Páginas 269 – 277] de la colección arquia/tesis. Esta publicación se encuentra descatalogada pero accesible y consultable con PDF descargable en la web de Fundación Arquia.

Eduardo Chillida trabajó, entre tantas otras obras de este tipo, en una que, sin embargo, reconoce como singular en su trayectoria. Dejó planteado un proyecto de arquitectura excavada-escultura en una montaña sagrada de Fuerteventura, el Tindaya. En ella existe en la actualidad un antigua cantera de traquita –una piedra vítrea semipreciosa-, con lo que son los mismos operarios de ésta los que pueden ayudarle en la ejecución.

 

Eduardo Chillida: El Tindaya — Arquetipos
Vista superior de la maqueta

“Tengo intención de crear un gran espacio vacío dentro de una montaña, y que sea para todos los hombres. Vaciar la montaña y crear tres comunicaciones con el exterior: con la luna, con el sol y con el mar, con ese horizonte inalcanzable”

Eduardo Chillida: El Tindaya — Arquetipos
Secciones del proyecto Tindaya

Eduardo Chillida

La composición se hace con cuatro primas de vacío que se intersecan dejando en sus encuentros zonas ambiguas. Es evidente que el volumen central prevalece frente a los tres menores que le sirven de conexión con el exterior, aunque éstos parecen empeñarse en afirmarse incluyéndose en paret en el enorme espacio cenral.

Esta sala principal la plantea casi cúbica, de 50 metros de lado. La piedra de la montaña soportará sin pilares ni bóvedas, sin esfuerzo, un vano similar al vacío que sirve de base al Pantheion. Chillida restituye este edificio al origen, al que parece ser su planteamiento de partida, lo entierra de forma que su configuración vuelve a entenderse como natural y necesaria.

Si hemos dicho que el Pantheion era una representación del cosmos, en este caso se disocian dos oquedades: el sol y la luna pueden estar ahora a la vez en el cielo y caminar por separado. El autor evita la utilización del círculo adoptando formas rectas y desnudas. El conjunto también se acerca al proyecto de cenotafio a Newton de Boullée, si consideramos la totalidad de la montaña: la tercera ventana al exterior, la que se abre al horizonte y le sirve de acceso, repite la larga galería iniciática que conduce al enrome vacío central.

Algunas de sus obras anticipan mucho tiempo antes esta propuesta. Como algo antecedente, Mendi Huts (Vacío en la montaña) de 1984 y las piezas de título Elogio de la Arquitectura o Elogio de la Luz. También algunas otras tallas de alabastro en las que el bloque se deja sin desbastar parcialmente, con lo que los cortes y las excavaciones prismáticas resaltan aún más su perfección y las aristas y a la vez la cualidad del material. Así ocurre en las piezas dedicadas a Johann Wolfgang von Goethe realizadas a partir de 1975. En ellas, en su interior, toma cuerpo una figura dinámica cuya forma se aproxima a una espiral “en la que el vacío y la masa, unidos a un eje común, se alternan”.

“La arquitectura tiene que ver con la luz y con el espacio, no con la forma; esto corresponde a la escultura.”

Tony Smith

Chillida parece haber tratado de realizar a tamaño real una de sus pequeñas esculturas que así se convierten en pequeños modelos de sus verdaderas intenciones, un nuevo mundo de pequeñas maquetas arquitectónicas de colosales y fantásticos edificios aparece ante nuestros ojos al hacer un recorrido por sus obras. De la misma forma que en Gasteiz (19757) reconocemos a la plaza de los Fueros de Vitoria (1980), imaginamos los pequeños huecos cúbicos como enormes salas en los límites de gigantescos volúmenes sólidos de tamaño similar a edificios o incluso manzanas de una ciudad, y los intersticios de sus lurras como galerías en la profundidad de una mina.

Si por el contrario pensamos que en el Tindaya simplemente ha aumentado el tamaño de la escultura, se trata de maniobra inversa, reduciendo al observador consigue poder introducirse en los espacios de una de sus esculturas y explorarlos. Claes Oldenburg realiza una operación similar con algunos objetos de uso doméstico: nos empequeñece al sorprendernos con el aparente enorme peso de una goma de borrar del tamaño descomunal que parece haber caído a nuestro lado desde la ventana de un rascacielos.

En un solo paso y sin ensayo previo, el proyecto del Tindaya es capaz de plantear en un edificio excavado una luz estructural que no ha podido repetirse más que a duras penas por más de un milenio, estando construida de forma aditiva. Creemos que de su proceso de construcción, de la contemplación del edificio realmente construido y las sensaciones que despertaría, surgirían dudas y modificaciones en su autor, y lamentamos que no pueda desarrollar más obras en las que estos espacios ya experimentados se fueran puliendo y evolucionaran sobre un precedente real.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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