03/09/2018
Cooperación + Publicaciones

De adentro hacia afuera: Habitar en comunidad

porLacol y La Ciutat Invisible

Imagen de portada:
Sofielunds Kollektivhus (SoKo), Malmö, Suecia. Imagen autor desconocido.

Detalles publicación original:
Lacol y La ciutat invisible: Habitar en comunidad. La vivienda cooperativa en cesión de uso (2018). Fundación Arquia y los Libros La Catarata. Colección arquia/contextos núm. 13

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Lacol es una cooperativa de arquitectura creada en 2009 en el barrio barcelonés de Sants. Trabaja desde la arquitectura para la transformación social, como una herramienta para intervenir de manera crítica en el entorno más próximo.

El siguiente artículo es un extracto del libro ‘Habitar en comunidad. La vivienda cooperativa en cesión de uso’ de la colección arquia/contextos co-editada por la Fundación Arquia y los Libros de la Catarata, escrito Lacol y La Ciutat Invisible.

Los proyectos de vivienda cooperativa pueden tener un papel motor en el desarrollo local y sostenible de los territorios, que dé cobijo y lidere otros proyectos transformadores, como cooperativas de consumo, grupos de crianza compartida, etc. Muchos edificios cuentan con plantas bajas que no se destinan a vivienda, sino a comercio o equipamientos, generando actividad y servicios para el barrio. Esto permite incrementar la red comunitaria en el entrono y potenciar las relaciones con el vecindario, e incluso significar una aportación económica a la cooperativa. Es precisamente la estabilidad en la tenencia de la vivienda lo que facilita el arraigo del propio grupo en el barrio, potenciando la creación de comunidad.

Un ejemplo de ello es NiewLand, un proyecto que alberga a once personas en una antigua escuela de Ámsterdam. Su espacio comunitario se abre casi a diario al barrio para organizar sesiones de cine, talleres, juegos, charlas y comidas colectivas. Una asociación independiente, pero relacionada con la casa, se encarga de dinamizar el espacio, que se abre a otras entidades que lo necesiten. En este sentido, el Ayuntamiento de Tubinga (Alemania) realizó una convocatoria en 2016 para ofrecer terrenos y edificios a cooperativas, y eligió los proyectos de vivienda autopromovida que desarrollaban con más profundidad la relación con el entorno: comercio en planta baja, patios abiertos al barrio, diversidad de habitantes, etc.

El proyecto Sofielunds Kollektivhus o SoKo (En Malmö, Suecia) tiene visitantes regulares, incluyendo niños o grupos de jóvenes del barrio, que hacen uso de su terraza. Aunque la utilización pública de la terraza ha sido motivo de preocupación para algunos residentes, la comunidad defiende esta política de puertas abiertas. El mismo proyecto tiene un grupo de solidaridad que trabaja para apoyar causas sociales poniendo a disposición algunas de las infraestructuras colectivas como la lavandería o las duchas a los refugiados. Estos ejemplos materializan la idea de entender la vivienda no como el “castillo” propio, sino como una infraestructura permeable a las necesidades de su entorno.

Los espacios comunitarios son lugares intermedios entre el ámbito público (la calle y el barrio) y el privado (el hogar). Para ello, es interesante definir proyecto cooperativo en relación con el entorno, alejándose de comunidades cerradas y aisladas. En esa línea, los espacios comunitarios forman parte de la transición entre el ámbito público y el ámbito privado de las viviendas. Es en este espacio donde se puede diluir el límite actual entre el barrio y el hogar: zonas de transición hacia la intimidad o hacia la sociabilidad. Son especialmente los usos de las plantas bajas, que se relacionan físicamente con la calle y la ciudad, una oportunidad para convertirse en espacios de relación e intercambio con el entorno.

Pero no es hasta que se terminan las viviendas y se empieza a vivir en ellas que la cooperativa suele empezar la vinculación con el barrio. En el proceso de promoción, las cooperativas tienen el reto y la voluntad de cohesionar el grupo para asegurar una mejor organización. Este desarrollo hacia dentro se observa incluso en el diseño del espacio físico, desde la forma de corrala de La Borda a la disposición de las casas mirando al espacio verde central de Lilac. Pero también en el plano social: las dificultades y los momentos felices durante la gestación del proyecto generan un repliegue hacia el interior, que conlleva una menor participación con el entorno.

Aunque muchos proyectos nacen enraizados en el barrio, otros no aportan nada distinto a una comunidad de propietarios. El vecindario de estos proyectos desconoce que vive al lado de una cooperativa o lo ve como una comunidad cerrada. Esto genera una contradicción: que en un movimiento social en el que la solidaridad es la base del sistema no se logre desarrollar en toda su potencialidad el vínculo con el barrio, con la gente del entorno. El aislamiento en el que pueden caer las cooperativas ha sido acentuado en algunos casos de Uruguay, donde las cooperativas surgieron en complejos de grandes terrenos y promociones de nueva construcción. Por el contrario, la inclusión del modelo de “reciclaje” (rehabilitación de antiguos edificios) ha permitido replantear esta dinámica y generar oportunidades de mayor vinculación con el barrio. Su tamaño más reducido minimiza la repetición del “efecto isla” de los grandes conjuntos. Al insertarse en barrios poblados y con necesidades de vivienda, se facilita que haya miembros de la cooperativa que provengan del propio entorno, evitando provocar una sustitución de población y promoviendo que la cooperativa resuelva las necesidades del barrio.

Créditos

EDICIÓN
Fundación Arquia
Arcs, 1, 08002 Barcelona
www.arquia.es/fundacion

CONCEPTO Y DISEÑO
Folch

ISBN 978-84-617-5967-5

© de esta edición,
Fundación Arquia, 2017 © del texto e imágenes, su autor

La edición de esta publicación ha sido patrocinada por Arquia Banca.

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